Fue un día lluvioso de octubre,
sucedió entre las seis y siete de la tarde. Yo había subido a un camión pues
necesitaba ir al centro para tomar mis clases de yoga. Uno puede ver cualquier
tipo de cosas dentro de estos transportes; borrachos, dibujos en los asientos,
calcomanías de un niño medio cholo con frases como “Todo por no estudiar”
pegadas en el tablero. También te puedes reír de la forma en que hablan los
cobradores y de los temas tan interesantes que mantienen con el chofer. Pero
eso no es lo que yo presencié ese día, lo que vi fue algo muy raro e inusual
en todos mis viajes por esa misma ruta.